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22 de julio de 2020

La Cuba destrozada.



Al mirar ese pasado no tan lejano de Cuba nos encontramos con un un país que antes de la traicionada Revolución Castrista y guiados por los comunistas de la vieja guardia soviética, era un país de monocultivo, pero todos podían comer de todo y ahora es un país cero-cultivos; recuerdo esas protestas contra los intereses de los préstamos bancarios y ahora es un país que depende de las remesas de los exiliados, traidores y gusanos que abandonaron el barco del socialismo; un país que luchó contra la prostitución y la corrupción administrativa, ahora tiene que aceptar “orgullosamente” las jineteras, los pingueros y los mallimbes que roban desde sus puestos administrativos o dirigentes; Cuba era un país donde otras naciones enviaban a sus hijos a prosperar y hoy vemos el Estrecho de la Florida llena de cadáveres y los alrededores de la Base de Guantánamo sembrada de minas, muertos y lisiados; quien no recuerda a Cuba llena de jóvenes vibrantes ansiosos de trabajar y prosperar y hoy tenemos un país de viejos cansados e improductivos; Cuba de un país lleno de diferencias políticas y de partido, pero unida bajo el mismo cielo y en la misma tierra, ahora anda desperdigada por pedacito de este mundo. Lo más triste de toda esta horripilante verdad por corta que parezca es que ocurrió mientras Castro y los castristas y sus amos los soviéticos vociferaban que todo era por la familia y la patria soberana. Me pregunto si existe un cubano que no haya sufrido es desgarramiento de la familia por solo nombrar una de tanta destrucción.

25 de enero de 2016

Guerra de precios en La Habana

El mercado del Ejército Juvenil del Trabajo en la calle Tulipán, La Habana. (14ymedio)
La televisión señala a los intermediarios como los principales responsables de la subida de precios que han experimentado los productos. (14ymedio)
La imposición de precios topados en algunos mercados de La Habana ha provocado reacciones contradictorias en la población. Aunque alivia el bolsillo de los consumidores en medio de una escalada del costo de la vida, la medida ha venido acompañada de una razia contra los carretilleros que comercializan productos agrícolas en los barrios de la capital.
Este martes, el mercado del Ejército Juvenil del Trabajo (EJT) en la calle Tulipán, en el Nuevo Vedado, amaneció con un singular ajetreo. Después de más de dos semanas con tarimas vacías y consumidores preocupados, se pusieron a la venta una decena de productos a precios topados.
La medida se esperaba tras el experimento comenzado a principios de este mes en la provincia de Artemisa con la venta de productos agropecuarios a "un valor máximo fijado" por el Consejo de la Administración Provincial.
En La Habana los precios topados no se han extendido aún a la mayoría de los mercados gestionados por las granjas estatales o las cooperativas. "Este mercado ha sido uno de los primeros en poner a prueba el experimento", comentó un vendedor del local administrado por oficiales del EJT.
El joven, en cuya tarima estaban a la venta piñas, yucas y otros productos, parecía compungido al tener que cobrar a una clienta 2,80 CUP por una libra de guayaba. Esta misma cantidad de producto no habría bajado de los 20 CUP a finales del pasado año. "Esto no puede durar mucho, porque ocho guayabas por seis pesos no hay tierra que lo mantenga", se quejaba el empleado.
Un panorama muy diferente se desarrollaba en el céntrico mercado de Egido, gestionado por vendedores e intermediarios privados. Desde el comienzo de la semana la libra de frijoles colorados se mantiene a 16 CUP y la carne de cerdo no ha bajado de los 50 CUP desde hace meses. A pesar de los altos precios, la calidad de la mercancía atraía a decenas de compradores este martes.
“Esto no puede durar mucho, porque ocho guayabas por seis pesos no hay tierra que lo mantenga”, se quejaba un empleado del mercado
"Vamos a ver cuánto aguantan ellos", comenta Gerardo, un transportista que se dedica a acarrear mercancía desde fincas particulares en Alquízar hasta el conocido mercado. "Desde principios de año nos están haciendo la vida un yogur en la carretera", dice el hombre. Alude al recrudecimiento de los controles policiales sobre todos los camiones cargados de productos agrícolas que intenten entrar a la capital.
"Ahora tenemos que mostrar también el comprobante de que hemos comprado el combustible legalmente", se queja Gerardo, quien asegura que "con esas decisiones lo que van a hacer es disparar los precios".
A su lado, una compradora espantada por la malanga a 15 CUP la libra amenazó con irse " pa'l EJT" pero terminó comprando allí mismo. "Una máquina hasta Boyeros y Tulipán me cuesta 10 CUP. Lo que me voy a ahorrar en una cosa me lo voy a tener que gastar en otra". "De todas formas las calidades no son las mismas, aquí siempre es mejor porque el ojo del amo engorda al caballo", concluye.
La televisión ha acompañado la entrada en vigor de los precios topados con reportes que señalan a los intermediarios como los principales responsables de la subida que han experimentado los productos. En un llamamiento recién publicado del Sindicato Nacional de Trabajadores Agropecuarios y Forestales se abogó por la eliminación total de esta figura con la convicción de que así se "contribuye en la disminución de los precios".
Los habaneros se hallan en medio de una sorda pelea de precios entre el Estado y los vendedores privados en la que se ha erradicado casi por completo de su paisaje urbano un elemento que ya se había vuelto común: el carretillero. Estos improvisados timbiriches con ruedas acceden a lugares distantes de mercados agrícolas y mantienen un suministro de casa en casa.
El mercado del Ejército Juvenil del Trabajo en la calle Tulipán, La Habana. (14ymedio)
El mercado del Ejército Juvenil del Trabajo en la calle Tulipán, La Habana. (14ymedio)
Julia, una vecina de la calle Espada y San Lázaro, asegura que está dispuesta a pagar "al que vea hoy un carretillero en la calle". Con una madre postrada en cama, comenta que no tiene "tiempo ni dinero para ir lejos a comprar comida".
Tato, carretillero que por años ha vendido en las cercanías del parque de Infanta y San Lázaro, este martes estaba sentado en un muro sin su legendaria carretilla. "Los inspectores lo mandaron a recoger todo, la policía ya no nos deja vivir", cuenta. Asegura que sus proveedores han sufrido el decomiso de la mercancía en las carreteras de entrada a la ciudad.
El anciano está convencido de que lo que está pasando ahora es por orden de Raúl Castro. "Pero vamos a ver cuánto dura el chiste de los precios topados", dice.
Lo mismo decía con zalamería el joven empleado del EJT a una muchacha que miraba las piñas sin decidirse: "Mi niña, compra ahora, que esto no se sabe cuándo se termina. Este es el regalo del día de Reyes, pero atrasado".

26 de diciembre de 2015

La clase media se apodera de los barrios proletarios

, La Habana | 

"Estos edificios son antisísmicos", detalla el dueño de un apartamento a la venta en una barriada habanera. La potencial compradora lo escucha incrédula mientras mira desde el balcón los otros bloques de concreto que se alzan en la zona. Lo que una vez fue un barrio proletario en el que se necesitaban méritos laborales y políticos para radicarse, ahora empieza a ser el escenario de una clase emergente.
A lo largo de todo el país, especialmente en las cabeceras provinciales, se erigen estos edificios altos construidos en las décadas de los setenta y ochenta. Los de 12 plantas son los más frecuentes, seguidos de aquellos con 18 o 14 pisos, construidos con la técnica de piezas prefabricadas. Los menos abundantes, de 26 niveles, se hicieron bajo el entonces novedoso método de moldes deslizantes.
Los llamados edificios de microbrigada han pasado a ser sinónimo de la arquitectura socialista de Europa del este trasplantada al trópico. Se llegó a proyectar que estos gigantes sustituyeran a la arquitectura tradicional, además de dar cobijo al hombre nuevo. Hoy, a pesar de su fealdad exterior, muchos de sus apartamentos son comprados por una naciente clase media que aspira a ver a Cuba "desde arriba".

Orestes Figueroa obtuvo en 1979 un apartamento de tres dormitorios que ahora quiere vender por 25.000 pesos convertibles. "Me lo gané después de haberme pasado casi siete años trabajando como albañil y me lo adjudicaron por mis méritos", cuenta con nostalgia. Ubicado en las cercanías de la avenida Rancho Boyeros, el coloso en el que se ubica la vivienda todavía se mantiene con cierta dignidad a diferencia de otros, azotados por los problemas hidráulicos, la rotura de los ascensores y el deterioro constructivo.
Los microbrigadistas de antaño sopesan hoy la posibilidad de cambiar la vivienda por dinero contante que les permita comprar algo más pequeño y contrarrestar lo bajo de sus pensiones
Ya jubilado, Figueroa nunca olvidará el momento en el que leyeron en una asamblea el número de horas de trabajo voluntario que atesoraba para obtener aquella vivienda. Era una tarde de miradas de interrogación y cuchicheos entre quienes se disputaban un techo. Su pertenencia al Partido Comunista y la participación en actividades políticas lo ayudaron a alzarse como merecedor del apartamento. Esa noche no pudo dormir de tanta felicidad.
Eran los tiempos en los que la "lealtad al proceso" funcionaba como moneda invisible con la que se podía adquirir desde electrodomésticos, el derecho a pasar las vacaciones en instalaciones turísticas, hasta la asignación de una vivienda. No obstante, el feliz propietario tuvo que pagar 6.000 pesos cubanos por su casa: el 10% del salario de 250 pesos durante 20 años.
Con la despenalización del dólar a principios de la década de los noventa y la posterior aparición del peso convertible, irrumpió una nueva forma de "selección natural", donde el dinero recuperó su valor para hacer transacciones. Sin embargo, no fue hasta finales de 2011 con la legalización de la compra y venta de viviendas que miles de apartamentos en barrios proletarios salieron al mercado.
Los microbrigadistas de antaño, como Figueroa, sopesan hoy la posibilidad de cambiar la vivienda de sus desvelos por dinero contante y sonante que les permita comprar algo más pequeño y contrarrestar lo bajo de sus pensiones. Sueñan con encontrar un nuevo rico dispuesto a pagar en efectivo, lo que una vez fue adquirido con esfuerzos laborales e ideológicos.
Estos gigantes de hormigón, que una vez fueron el símbolo de la arquitectura revolucionaria, no han recibido mantenimiento en más de tres décadas
Lizbeth forma parte del creciente sector de cubanos con acceso a la moneda convertible. Siempre ha soñado vivir en un piso alto, pero no tiene suficientes recursos para comprar una propiedad en un edificio construido "en el capitalismo". En un país que crece más en horizontal que hacia las nubes, el número de apartamentos en las alturas es limitado y no hay mucho para elegir. En 2014, se construyeron en toda la Isla apenas 25.037 viviendas, de las cuales más de la mitad por esfuerzo propio.
"No quería el reparto Alamar, al este de La Habana, porque no me gusta ese amontonamiento de edificios sin orden ni concierto", relata Lizbeth. Con familia en el extranjero y un próspero negocio de diseño de interiores, la profesional indagó en el Vedado, alrededor de los edificios construidos por microbrigadas del Ministerio de Relaciones Exteriores, el Instituto Cubano de Radio y Televisión y otras entidades estatales. Sin embargo, los precios son altos en la zona más cercana al malecón.
Su siguiente opción era la barriada de Nuevo Vedado, donde se concentran la mayoría de estas moles que se erigieron en La Habana. Inmuebles con patrocinadores tan disímiles como el Ministerio de Transporte, el de las Fuerzas Armadas y el del Interior, el Ministerio del Trabajo y la Seguridad Social o el de la Industria Básica, entre otros.

"Ese es un barrio de pinchos y comecandelas", asegura con sorna la compradora que se topó con importes que no bajaban de los 25.000 pesos convertibles. Fue en Alta Habana donde finalmente encontró algo ajustado a su bolsillo entre los edificios de la Empresa Eléctrica y el Combinado Avícola Nacional. A pesar de los prejuicios que pesan sobre las viviendas hechas por microbrigadistas inexpertos, la joven sostiene que, dada su reciente construcción, es poco probable que se derrumben o sean declarados inhabitables.
Puertas adentro, muchos moradores han invertido en rehacer baños y cocinas de lo que una vez fueron apartamentos estándar, pero la mayoría de las fachadas muestra el inexorable paso del tiempo, con los balcones desconchados, los ventanales de aluminio sin juntas y las áreas comunes sin pintura ni lámparas. En casi todos, el suministro de agua solo dura unas pocas horas al día, por lo que las terrazas y los pequeños patios interiores se han llenado de tanques.
Estos gigantes de hormigón, que una vez fueron el símbolo de la arquitectura revolucionaria, no han recibido mantenimiento en más de tres décadas y las tuberías de agua han colapsado en varios puntos, las filtraciones marcan el techo de infinidad de apartamentos, mientras los vecinos se quejan de que su flamante coloso de concreto se ha convertido en "un solar muy grande".
Los moradores iniciales, como Figueroa, se van marchando poco a poco. Mientras Lizbeth hace planes del color con el que pintará las paredes de su nueva vivienda, las luces led que colocará en la entrada y la bañadera que instalará donde antes solo había una incómoda ducha. Las precauciones antisísmicas con las que fueron construidos estos edificios altos no previeron los terremotos de la economía.
TOMADO DE: 14Ymedio

29 de noviembre de 2015

El culpable tiene la solución

"Quien tiene hasta 15.000 dólares para darle a un traficante de personas tampoco huye de la pobreza", han sido las palabras de Oliver Zamora, un vocero oficial de la televisión cubana que comentaba este viernes la situación de los más de 2.000 cubanos varados en la frontera entre Costa Rica y Nicaragua.
Después de días de silenciar la situación, los medios partidistas han querido usar el drama de estos compatriotas como punta de lanza contra la Casa Blanca. Una estrategia que de tan usada apenas produce algún efecto ya. Ahora, quieren convencernos de que las salidas masivas no son responsabilidad del país que dejaron atrás, sino de ese otro que quieren alcanzar.
Basta citar los miles de cubanos que se escapan hacia otras naciones donde no existe una ley de "pies secos" que los beneficie para darse cuenta de que la responsabilidad para el éxodo que hemos vivido por más de medio siglo recae en un sistema que no ha logrado ofrecerles a sus ciudadanos prosperidad material, realización personal ni libertad... Mucho menos un futuro.
Por qué si pueden llegar a disponer de 15.000 dólares, prefieren invertirlo en una escapada peligrosa, en lugar de crear un negocio o prosperar en su propio país. La respuesta es dolorosa y contundente: porque aquí no hay garantías
El señor Zamora aparenta desconocer que esa cantidad de dinero que menciona, equivalente al salario de más de 60 años de un profesional que gane 500 pesos cubanos al mes, proviene de una acción desesperada o de una ayuda que llega desde afuera. La mayoría de los que hoy están en albergues en Centroamérica ha vendido todas sus pertenencias para emprender tan peligrosa ruta, o depende de unos parientes emigrados que financien el pago a los traficantes de personas.
La pregunta sería por qué si pueden llegar a disponer de 15.000 dólares prefieren invertirlo en una escapada peligrosa y sin seguridad de llegar al otro lado, en lugar de crear un negocio o prosperar en su propio país. La respuesta es dolorosa y contundente: porque aquí no hay garantías, ni esperanzas y porque el plazo de tiempo de sus vidas no puede esperar a se cumplan unas promesas de mejoría que son como el horizonte: se alejan cada vez que estamos cerca de tocarlas.
El problema que se ha desatado crece, pues el cierre por parte de Nicaragua de las fronteras al paso de los cubanos no disuade de intentarlo a quienes quedan en la Isla. Los vuelos a Ecuador siguen trasladando cubanos que, en lugar de sentirse desestimulados por la dificultad surgida, perciben que al visibilizarse su causa podrían estar más protegidos y presionar por un corredor que les garantice el paso hacia el Norte.
Parece repetirse el mismo efecto que movió a 10.000 personas a ocupar la embajada del Perú en 1980 y poco después a más de 100.000 a salir por el puerto del Mariel, la misma fiebre migratoria que llevó a 35.000 cubanos a protagonizar la crisis de los balseros de 1994. Una nación en fuga, cuyos hijos cíclicamente encuentran la ruta para dejar atrás la tierra donde nacieron.
Resulta llamativo que esta situación se esté produciendo cuando las reformas de Raúl Castro parecen haber tocado su techo de vuelo y demostrado su ineficacia para proveer resultados
Resulta llamativo que esta situación se esté produciendo cuando las reformas de Raúl Castro parecen haber tocado su techo de vuelo y demostrado su ineficacia para proveer resultados que se perciban en la vida cotidiana. Ni siquiera el restablecimiento de relaciones entre Cuba y Estados Unidos logra aplacar el desencanto y la desesperanza que se extiende entre los más jóvenes.
La amenaza no declarada, pero latente, de que la Ley de Ajuste sea eliminada solo le ha imprimido velocidad a la decisión individual de cada cual de abandonar el país, pero no es el detonante ni la causa para arriesgar la vida propia y la de niños pequeños en una travesía colmada de peligros.
Bastaría con una breve declaración de Raúl Castro ante las cámaras de la televisión nacional, en la que diga lo que millones de cubanos esperamos hace décadas, para que cese el flujo migratorio e incluso empiece a revertirse. No pronunciar ese discurso de final, de autocrítica que dé paso a otro gobierno, lo hace culpable de todo lo que está ocurriendo.
, La Habana |