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23 de febrero de 2016

Las 'petrocasas' se caen a pedazos en Cuba.

POR: Reinaldo Escobar-. No hay colores. Solo gris y blanco, con algunos tonos ocres que aportan los jardines secos, sembrados para el día de la inauguración. En ese paisaje hostil del municipio habanero del Cotorro, se erigen 19 edificios formados por petrocasas. Un sueño de Fidel Castro y Hugo Chávez que ahora se cae a pedazos lejos de los titulares y de las fotografías de prensa.

Decenas de personas que perdieron sus casas recibieron una de estas viviendas de PVC, fruto de un acuerdo entre Cuba y Venezuela. (14ymedio)

Decenas de familias que perdieron sus viviendas por derrumbes, incendios o ciclones se sintieron dichosas cuando les otorgaron un apartamento en el barrio El Molino. Eran los elegidos para habitar las “viviendas del futuro” y dejar atrás los albergues de damnificados en Centro Habana y Habana Vieja, donde habían resistido 10 o 15 años hacinados. Su agradecimiento se hallaba al máximo, pero sus expectativas también.

“No teníamos nada y esto era al menos una salida a aquella ratonera”, comenta Clara, una de las beneficiadas con la asignación estatal de petrocasas. Llegó al albergue recién casada y allí nacieron todos sus hijos. “Fue muy difícil mantener una relación de pareja en cuartos donde el vecino del otro lado del tabique lo oía todo”, cuenta.

Clara y su familia vivieron más de una década en una antigua posada convertida en albergue para damnificados, cuyos cuartos estaban concebidos para hacer el amor por unas horas. “Allí teníamos la cocina, la cuna de los niños y nuestra cama donde dormíamos hasta seis”, detalla la mujer, ya jubilada.

Entonces irrumpió en su vida la esperanza. “Nos dijeron que nos iban a dar una petrocasa y, la verdad, es que por salir de allí me hubiera ido hasta para la luna”, confiesa. El día de la entrega de llaves de los nuevos apartamentos, Clara lo vivió como una fiesta de quinces: “No paraba de llorar y reírme de la emoción”.

Después que se fueron las cámaras de la televisión y cuando las familias se pusieron a buen recaudo bajo el nuevo techo, lo primero que descubrieron es que no podían colgar un cuadro en aquellas paredes. Después se percataron de las vibraciones que provocaban los pasos en los altos y, en menos de seis meses, comenzaron a aparecer las filtraciones.

En 2008 el director del proyecto de petrocasas, Julián Alonso, aseguró a la prensa oficial que “Cuba producirá más de 14.000 viviendas anuales a partir del policloruro de vinilo (PVC), gracias a un proyecto binacional con Venezuela”. Sin embargo la cuota nunca se cumplió y en 2015 la cifra total de viviendas planificadas –amén de su estructura o método constructivo– se recortó a 30.000, al menos 17.000 de ellas por esfuerzo propio.

Los paneles para erigir las petrocasas serían fabricados en un polo petroquímico que el fallecido presidente venezolano prometió desarrollar en la ciudad de Cienfuegos. La obra no se concluyó en toda su extensión y muchos de los paneles de PVC que se usaron en la barriada de Clara se importaron de otros destinos, como España.

La mala calidad de la construcción ha marcado al asentamiento desde su primer día: empezaron a caerse algunas ventanas, a rajarse el cemento de los pisos, producirse cortocircuitos en las instalaciones eléctricas y salideros en las tuberías de agua, comentan a 14ymedio varios vecinos de la barriada. Un mal día de viento fuerte, el techo del vecino del último piso de Clara estuvo a punto de salir volando.

Rosa Helena, madre de dos niños, duerme en la sala para evitar la humedad que hay en el dormitorio. Se queja de que cuando el vecino de los altos echa agua en el piso, a los pocos minutos empieza a gotear sobre sus muebles. “Para arreglar estos problemas no ha venido nadie, pero nada más que llegamos fundaron el Comité de Defensa de la Revolución”, alega.

A esos problemas se le suma la infraestructura de la barriada. La mujer narra que cuando fue a matricular “a los muchachos en la escuela primaria que está a la entrada del reparto, me dijeron que ya tenían la matrícula a tope y ahora tenemos que salir a las seis de la mañana de la casa para llegar a la escuela donde los aceptaron”. Cuenta que su madre fue a visitarla hace una semana y que lo primero que le dijo fue: “Ay, mija, en el albergue estabas mejor”.

El lugar no podría ser más inhóspito. Las calles están sin asfaltar y la humedad sale por todas partes.

Carlos, considerado un “caso social” por sus graves problemas de salud se queja de que el policlínico Efraín Mayor queda demasiado lejos. Como el resto de los vecinos, debe pagar una mensualidad por el apartamento otorgado. Ni siquiera han llegado a ser propietarios de sus petrocasas, sino que mantienen un estatus de arrendatario.


“De todas formas yo no tengo un peso ni para comer, así que no voy a poder pagar nada”, aclara. Cuando se le pregunta si en su casa hay los mismos desperfectos que en las demás, sonríe irónicamente y dice: “Nos explicaron que esto tenía un año de garantía y que en ese tiempo el Estado se encargaría de cualquier reparación. Después de un año, las roturas quedan a cargo del arrendatario”.

Sin embargo, el anciano cuenta que, a los nueve meses de estar aquí, hubo un cortocircuito que quemó el refrigerador. “Ahora solo enciendo un bombillo en el baño y nadie ha respondido mis quejas”.

Otros vecinos que no quisieron ser identificados contaron que en muchas casas desde el inicio faltaron los llavines en los cuartos y otros objetos constructivos. Aseguran que luego de la inauguración aparecieron cerca del lugar, enterrados, reservorios de cosas robadas en las que había cajas de azulejos, sacos de cemento, envases con silicona y muebles sanitarios.

La culpa de estos “desvíos de recursos” y de la mala calidad de la terminación se la cargan a la Empresa Constructora de Obras Industriales ECOI 53 y a la Brigada Julio Antonio Mella, que trabajaron en esta barriada de petrocasas. Muchos de los empleados ni siquiera llegaron a concluir las obras pues fueron expulsados por el mal trabajo y por los robos, según confirmó un constructor que participó en las tareas.

Asentamientos de este tipo se han levantado también en el reparto San Agustín, en San Miguel del Padrón, Guanabacoa y Alberro. Los vecinos han rebautizado las petrocasas como “casas de cartón”.

Una señora de avanzada edad que escuchaba las quejas de Carlos y Clara, replica que ella se siente “feliz” con su nueva vivienda. “Lo que pasa es que hay mucha gente malagradecida que no reconoce el esfuerzo que ha hecho la Revolución por darnos estas casas”. Hace una pausa larga y concluye: “¿Acaso nos merecíamos algo mejor que esto?”.

Este artículo fue publicado originalmente en 14yMedio.com

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