A veces
cuando vamos manejando por nuestra querida ciudad de Miami, donde el trafico se
complica cada día mas y el hecho de conducir lo hace prácticamente un acto
heroico y valiente por no decir casi suicida, como de costumbre unos culpan a
la cantidad de cubanos que van llegando a colonizar nuevas fuentes de ingresos
para el régimen castrista, otros culpan al medio ambiente y por supuesto una
gran cantidad de personas culpan a Obama, pese a que ha sido el presidente que
ha deportado a mas ilegales en la historia americana( más de 2 millones en 5
años) hecho que por supuesto mejoraría el trafico local, pues nada manejando y
pensando me vienen a la memoria algunos personajes de nuestra temprana juventud allá en Cuba, en especial nuestro
amado Holguín.
Sé que
se me escaparan algunos de esos personajes que de una forma u otra matizaban a
Holguín con esa cosa de barrio y a la vez de gran ciudad, pues estos
personajes eran los dueños de nuestra
atención y de los buenos momentos de alegría y a la vez maldad cuando ellos se
presentaban en cualquiera de nuestros muchos parques o en los corredores del
centro de la ciudad o a la entrada de un cine o restaurant, a veces con esa
confianza que da el barrio se aparecían en cualquier fiesta y sin pedir permiso
daban su nota muy particular. Recuerdo de pequeño a Pata e’cloche, Timbalito,
Gotica, Caballo Blanco, Mojón Colorao, Aníbal y a Come Gallo, olvido otros y
mis disculpas, había una señora también muy peculiar, pero no recuerdo como le
decían.
Pata
e’cloche andaba por la plaza del mercado (que en paz descanse), otra obra de la
Revolución cuando la cerro y por el parque Calixto García y los muchachos y no
muchachos le gritan Pata e’cloche(porque era cojo y rengueaba) y este salía
corriendo detrás de ellos y vociferando malas palabras y ofensas, vaya jueguito
que nos gastábamos. Timbalito era un pobre hombre, que alguno dicen se volvió
loco en la universidad, era un negro alto, sin dientes a veces sucio otras no,
con manifestaciones abiertamente homosexual y dentro de su locura decía cosas
que a veces reíamos y a veces nos hacía pensar, recuerdo que un día en esos
arrebatos de logorrea (como le sucedía a Fidel y Chávez) frente al Hotel Tauler
en la esquina de la Escuela Calixto García (Fomento y Martí) y la
Farmacia(porque existían farmacias y escuelas antes de la Revolución) gritaba a
todo pulmón: El culo es un tambor y se lo doy a tocar a quien yo quiera, el
hombre dentro de su locura decía una gran verdad y defendía su libertad de
hacer lo que le daba la gana sin molestar a nadie, ¿cierto?
Según
creo, pues solo lo vi un par de veces, Mojón Colorao era de origen español
(gallego para ser más preciso), como bien reza su apodo, era una persona de
pequeña estatura, delgado, doblado por el tiempo o el trabajo (por ser bajito
le decían mojón), de piel blanca y cara muy roja y ojos azules o verdes, por
ello la picardía de los muchachos lo bautizaron con el nombrete de Mojón
Colorao. Caballo Blanco era un hombre que creo más bien se hacia el loco para
que el régimen no lo molestara, siempre bien vestido y limpio, de blanco, tenía
una bicicleta y no sé cómo se las arreglaba, pero siempre su ropa estaba limpia
y planchada. A Mojón Colorado lo fastidiaban mucho y él se quitaba su
sombrerito de paño y gritaba improperios y le mentaba la madre, pero mas nada,
con Caballo Blanco era diferente si se pasabas y te agarraba pasabas un buen sofocón,
pues era un hombre alto y fuerte. Aníbal, se pasaba el día fumando y andado de
una esquina a la otra, frente al Bar Cauto, encendía un cigarro con otro, una
mano en el bolcillo de su guayabera blanca y andando por la calle Martí siempre
cerca de su casa, fue estudiante de medicina según decían, yo era muy joven,
quizás conocí a la familia o mi familia, pero los muchachos de la secundaria lo
llamaban a gritos y el solo los miraba con esa mirada perdida de los que no les
importa nada, Aníbal mas que un personaje es un recuerdo más de tantos que siempre estarán muy dentro y
que pese a todo fueron buenos recuerdos porque éramos jóvenes e invencibles.
Gotica se dedicaba a pedir y pese a ser relativamente joven lucia avejentado y
siempre sucio y descalzo, en sus arrebatos un día desbarato un teléfono
público, pues al ponerse el audífono al oído el tono le pareció que le decía
Gotica, Gotica, imagínese amigo que locura.
No me
he olvidado de Come Gallo, lo deje para ultimo por el momento, pues se que
algunos coterráneos ampliaran esta lista de personajes, cuando conocí a Come
Gallo ya era hombre viejo, negro de pelo canoso, vivía en la cuartería (solar
como dicen en La Habana) de la Calle Ángel Guerra, frente a una de las fabricas
de lozas de piso que tenia nuestra ciudad, a la entrada del solar había una
carpintería, pues bien Jose Ramón que era su nombre fue el primer chofer de
alquiler en la ciudad de Holguín, manejaba un Ford de los que llamaban tres
pata, con su trabajo formo su familia y se gana el apodo de Come Gallo cuando
trabajando en las vallas de pelea de gallos él preparaba estos animales para
las peleas y cuando algunos morían él se quedaba con ellos y se los comía, nada
de raro, pero suficiente para crear un nombrete. Jose Ramón no sé cómo degenero
en un andarín de la ciudad, con su bastón y saco de yute al hombro, dando gritos, se metía con todos, si la gente
no le decía nada o no le gritaban su apodo, el saltaba y decía: dime Come Gallo
pa’que vea lo que te va a pasa, así era Jose Ramón, aunque no lo mentaran él se
cogía o buscaba el pleito.
A
través de la vida he conocido muchos Come Gallo, personajes que aun sin
nombrarlos ni directa ni indirectamente en busca de notoriedad se apropian del
comentario que he hecho y salen como Come Gallo a gritar, a ofender, salen a
fabricar cuentos y mentiras y más bien asumiendo esa postura imbécil se ponen
ellos mismos el San Benito acusador del comentario(ya verán como sale alguno a
ripostar este escrito), pero ninguno puede emular a Jose Ramón, pese a ser un loco, tenía esa cosa
que lo distinguía y pese a lo sucio o descalzo como andaba a veces, siempre
inspiraba el respeto que se merecía como ser humano, pero también él exigía el
ser respetado, nada de sonrisitas y miraditas burlonas, como él decía: dime Come
Gallo pa’que vea. Creo que nunca le
dio un golpe a nadie, pese a que agitaba
su bastón como un samurái, nunca pedía nada y con sus espejuelos en la frente y
su pachanga en la cabeza recorría nuestra ciudad en busca de algo, con su saco
de yute al hombro y su bastón caminaba Jose Ramón esperando ese grito de Come
Gallo para armar su lio y así descargar sabe Dios cuantos resabios acumulados
en tantos años de pasar trabajo.
Ing. Dionisio de la Torre, Jr.
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