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5 de mayo de 2011

El sindrome de la monotonia.

El sindrome de la monotonia.
 
Por: Prof. José A. Arias.
Tomado de: http://collagecubano.blogspot.com/

Comenzaré por hacer una especie de descargo, eso que aquí se conoce como un “disclaimer” y aunque en este caso no sirva de mucho, lo considero necesario.
El tema es espinoso, pero no por ello hay que dejarlo de lado. Al final debemos ajustarnos a las críticas y ser receptivos a las sugerencias; sólo que no se trata de criticar por criticar, en mi caso lo escucho todo pero me atengo a aquello de que sólo quien puede y no quien quiere, debe ser tenido en cuenta.
Tengo que confesar que no me siento cómodo en el terreno de los dimes y diretes, no es lo mío. Prefiero, como saben los que me conocen, el análisis serio y en lo que me sea dable, profundo de los temas; hay, sin embargo, en lo que voy a tratar, un argumento de análisis importante.
Cada vez que pienso en el tema de la libertad de expresión acuden desde  mi memoria algunas imágenes muy gráficas; la primera de Juan Miguel, el padre de Elián González parado en el balcón de la casa donde se hospedó durante su estancia en Washington D.C. al socaire del episodio del que su hijo fue protagonista, y cómo, mientras contestaba preguntas a los periodistas, respondió a uno de ellos levantando el dedo del medio y sin palabras asumiendo una actitud además de grosera, desafiante.
Otra, en el reverso de la moneda, la de Ricardo Alarcón el presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular en Cuba,  cuando cruzado de brazos escuchaba a Fidel Castro dirigiéndose a los congregados del cónclave asambleístico a solo uno pasos delante de él; que se encontraba detrás y con los brazos cruzados. Al momento en que Castro por una suerte de casualidad se refirió a que nadie debía permanecer con los brazos cruzados, el sujeto de referencia se apresuró a descruzarlos y con un rictus de nerviosismo en el rostro casi  asume la posición de  atención.
Estos detalles que a veces parecen carecer de importancia marcan la diferencia y definen respectivamente las características funcionales de cada sociedad. En el primer caso nos demuestra lo rápido y ostensible que se hace el uso de la libertad cuando no es coartada y hasta puede llegar a ser denigrada por un imberbe como el de referencia; en el segundo es óbice de un maniqueísmo injustificado, pero real, que no permite vacilaciones ni equívocos. Es la distorsión del término libertad amparada bajo una ley capaz de sancionar a alguien por “desacato a la autoridad del Comandante en Jefe” figura delictiva incluida en la constitución vigente en el país.
Recuerdo que hace algunos años, allá por los 80, un joven se puso en pié y enarboló un cartel en el que se podía leer: “Abajo Fidel”, el hecho sucedió en el Coliseo de la Ciudad Deportiva, durante la celebración de un campeonato mundial de boxeo amateur. Por el revuelo que el incidente provocó y debido a la presencia de la prensa internacional, el hecho trascendió y después se supo que aquel joven fue tildado de loco y recluido en el hospital de dementes de Mazorra, el mismo en que durante el invierno pasado se produjo el escándalo de los muertos por frío e inanición.
Durante la visita del Papa Juan Pablo II a la Isla y mientras se producía la celebración de la eucaristía y la correspondiente homilía en la plaza José Martí, una decidida y valiente joven asumió la misma actitud levantando un cartel con similar leyenda. Sin dilación fue detenida, introducida por dos “enfermeros” de la Cruz Roja Cubana en una furgoneta y sacada del lugar sin consecuencias. Aunque en este caso nunca se supo el destino de esta valiente compatriota, no creo que pueda ser difícil imaginarlo. En un régimen como el cubano los entuertos que separan la protesta cívica de la locura como patología son inexistentes. Bien decía el genial Guillermo Cabrera Infante: no se puede hablar de delirio de persecución en Cuba donde la persecución es un delirio.
En estos casos que constituyen una simple muestra aleatoria de la realidad, hay una evidencia irrefutable: la diferencia entre el ejercicio de la libertad como derecho de los seres humanos y la carencia total de ella donde al concepto se le endilga un significado demagógico, malsano e irreal desde el poder y  a través del  ejercicio del mismo.
Me gustaría pensar que ni la historia ni el tiempo transcurren en vano, pero se me hace difícil. Hay una inhibición por monotonía muy perjudicial en la que se ha ido anclando el éxito temporal de nuestros enemigos para permitirles enquistarse en el poder sin una sola razón válida. El fenómeno de la disidencia en Cuba, que según escuchamos los que nos vemos obligados a vivirlo desde otras latitudes, se ha amplificado; pero el hiato necesario que sea capaz de vincular el crecimiento referido con la población no se materializa y eso, hasta ahora, ha hecho la diferencia con relación a otros casos con los que se compara el nuestro y que suelen usarse como referente.
Tratemos de visualizar que en medio de estos hechos a los que me referí, desenvueltos de manera espontánea y convocados por las propias autoridades, se hubiera desatado una protesta colectiva y un simple desacuerdo entre los testigos de lo sucedido. Aunque es pueril imaginarlo, tampoco es imposible; los congregados en el mitin que desencadenó la captura y posterior ejecución del matrimonio Ceausescu en Rumania debieron haber sido tamizados, así como los uniformados que se negaron a disparar al pueblo congregado, convirtiéndose en hacedores de la captura y posterior ejecución del dictador y su mujer.
Opiniones muy respetadas han hecho referencia a las masivas olas de protesta en Europa Oriental que terminaron con la demolición a martillazos del odiado y odioso muro berlinés. El sindicalismo no oficial polaco nacido en Gdansk y con Walesa al frente, respaldado por amplios sectores populares y de la iglesia católica, trajeron como consecuencia la dimisión de Jaruselski.  En Cuba hasta donde sé, la disidencia convoca actos de protesta, protagoniza eventos ampliamente difundidos por la prensa internacional, las Damas de Blanco marchan todos los domingos en abierto desafío al régimen pero la población observa inmóvil e impávida como las reprimen.
Nacionalmente se han organizado proyectos para promover cambios. Según sabemos miles de firmas han sido recogidas para garantizar siquiera la viabilidad de los mismos aún dentro de las normas vigentes y amparadas por el estado. ¿Qué otro argumento existe, además del consabido alegato al terror, para evitar que los firmantes salgan del anonimato? La respuesta a ésta y otras muchas preguntas sigue siendo aún esperada por muchos, cubanos o no.  Si como se sabe, todos los factores que atenazan la vida de los nuestros están presentes en el escenario nacional, ¿Dónde radica el freno a la acción inmediata como algo que debería ser su lógico resultado?
No nos apuremos a tratar de encontrar en argumentos teóricos desusados respuestas vacuas e intrascendentes. Aquello de “condiciones subjetivas y objetivas” me resulta conocido aunque no por ello pueda afirmarse que no están sobradamente dadas entre nuestros compatriotas. A estas alturas de la cuestión teorizar no es la respuesta y mientras la protesta, el acto de desacato colectivo, así como el abierto desafío a la autoridad caduca e inmoral de un grupo de ancianos que ejercen el poder en usufructo no se manifieste, seguiremos siendo testigos de cómo, haciendo uso de la libertad y en nombre de ella, otros tipos como Juan Miguel, nos seguirán sacando el dedo.

 
NOTA.- Los dos hechos referidos –el de Juan Miguel y el de Alarcón- pueden ser encontrados entre archivos de video en sitios como Youtube o Yahoo si se desea realizar la búsqueda. En ambos casos se trató de eventos noticiosos difundidos internacionalmente en la prensa televisiva.

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